Dicen que toda carta de venta tiene que empezar con un titular.
Uno que te enganche, que te atrape y te haga seguir leyendo.
Esto puede que sea cierto, es más hay mucho de cierto pero en esta carta no hay ningún titular.
Tampoco uno oferta por ser tu, ni porque tenga muchas ganas de ayudarte, ni una promesa para hacerte ganar dinero. Ni fotos de lugares bonitos.
Tu y yo somos desconocidos y te hablare con respecto.
Con el mismo respeto que si nos conociéramos y fuéramos amigos o al menos nos cayéramos bien y pudiéramos tener un baile interesante.
Si te fijas, es posible que encuentres algunas faltas de ortografía, y debes saber que eso no me preocupa. Quiero decir, si a ti te preocupa, a mí no me preocupa. Y si a ti no te preocupa, pues da igual.
En esta carta hay una historia real.
De una mujer que llegó a la selva buscando un cambio.
Yo le mostré mi mundo: la selva, el fuego, el miedo, el juego, el salvajismo.
Y entre todo eso… el baile.
Si entiendes esta historia al margen de que busques una transformación o una experiencia, es casi seguro que te ayuda a generar un cambio en tu vida.
Pero antes debo ponerte en situación.
Mira hay dos tipos de personas los que bailan para vivir y los demás. Los que bailan para vivir son capaces de transformar su vida con el baile y seguir creciendo.
Solo te compensa ser alguno de los primeros.
No tengo la menor idea si sabría distinguirlos pero es muy fácil si te pongo un ejemplo.
Una bailarina de catálogo, que cree que bailar es como posar para Instagram, si quiere vender un retiro diría: “Ven a nuestro retiro de baile en la selva y disfruta de clases, diversión y buena vibra con música y gente chingona en la Riviera Maya”. Suena lindo, ¿no? Todo pulido, todo seguro.
Una bailarina real diría: “Vamos a bailar sobre tierra húmeda que resbala bajo tus pies, rodeada de fuego que te quema los tobillos, mientras el viento de la selva te corta la piel y el barro te traga hasta los tobillos”.
En fin, muy agresivo para la gente que tiene muchos valores de colores.
Ya me entiendes.
La gente normalmente cuando quiere ir a un congreso de baile o al un retiro le da vueltas a la idea, mira el programa, los maestros y las clases. Lo que hace es una ruta de investigación, entonces mira videos aburridos que no sirven de nada con:
“Cómo sobrevivir a un retiro en la selva” o “los 10 pasos para sentirte libre bailando”, quizá esa sea de las tonterías más grandes que puedas hacer antes de una experiencia real.
Las experiencias se viven viendo. Sentir el calor del fuego y el mar en tu piel mientras bailas en la selva, la adrenalina de un ice bath que te quita el aliento, o la oscuridad de un cenote y una cueva que te rodea como si estuvieras solo tu en este mundo… eso sí mueve a alguien.
Eso no te transforma pero remueve el terreno.
Pero muchos gurús de la transformación son como pastillas contra el insomnio:
“Los 12 pasos de baile más persuasivos y coloridos”
“Esto no es para ti si tu madre te abandono en una gasolinera y no estas dispuesto a salir de tu zona de confort”.
Entonces
Si llegaste aquí sin saber lo que es bailar hasta sentir que tu vida cambia, probablemente no deberías reservar esta experiencia.
De momento, no te lo aconsejo.
Aunque, claro, puedes hacer con esta información lo que quieras.
Pero si quieres que esto funcione, debes entender algo muy importante: la gente no cambia por lo que escucha, sino por lo que vive y siente en su interior.
Esto es clave para que la selva, el fuego, la música y el baile te transformen. CLAVE.
No hay duda al respecto.
La visión en la cabeza es la que cambia el estado de animo.
No es el destino, ni el hotel donde duermas. Es como lo vives, cómo te entregas.
A ver…
Es mucho más importante parecer bueno que serlo.
Y antes de que te indignes y quieras acampar en la puerta de mi casa, hay una cosa que no admite discusión.
Si eres una bailarina competente y no eres capaz de parecerlo, estas jodida.
Si eres una bailarina competente y eres capaz de parecerlo, ganas dinero.
Todo en orden.
Si no eres una bailarina competente y no eres capaz de parecerlo, prepara una suposición.
Si no eres una bailarina competente y eres capaz de parecerlo, o eres un estafador o eres un genio o las dos cosas.
Pero parecer competente es imprescindible, serlo es lo adecuado.
Pero podrías vivir muy bien sin serlo, pero sin parecerlo, lo dudo mucho.
Y como no se lo que pides tu para trabajar con alguien te voy a decir lo que pido yo.
Pido dos cosas.
La primera cosa es que me gusta la gente que tiene huevos, eso vale para lo miembros y para las miembras. Lo digo por si hay un logotomisado de guardia.
Yo trabajo con gente que cree en lo que hace y conoce lo que hace. Y no con los que lloriqueen en las esquinas porque es muy difícil, muy costoso, no tienen tiempo o payasadas de esas. Esto es el baila y la vida y no la guardería, tienes que tener huevos.
Y una cabeza propia y no en alquiler.
La segunda cosa es “que entiendas esta breve historia” lo que te recontaba al principio de la mujer que llego a la selva buscando un cambio.
Cuando era niño conocí a una chica muy guapa.
Espera, no te pierdas… no es una historia de amor solo te pongo en contexto.
Esta niña de la que me enamore cuando era niño y fue mi novia de la infancia… ya sabes: manitos sudadas, risas y coqueteo ingenuo…
Te a pasado o no?
El caso es que después de muchos años se comunica conmigo esta chica porque veía que en la selva había fuego, baile y movimiento y eso le llamo la atención.
La verdad es que ella estaba en un momento de su vida que requería un cambio potente y urgente.
- Ya he buscado y experimentado muchas cosas, dijo, pero requiero algo diferente.
- ¿Qué te parece si pruebas mover tu cuerpo, tu alma, tu vida?
- ¿Cómo hago eso? Ven a la selva!
Y fue así como llego conmigo.
Digamos que llego rota, pero con una coraza muy fuerte de mujer que lo puede todo, que resuelve, que a crecido y progresado en su vida.
Yo le mostré mi mundo: la selva que respira, el fuego que quema y transforma, el juego salvaje, la oscuridad de los cenotes, el miedo que te hace sentir viva… y entre todo eso, estaba el baile.
Al principio le importaba un carajo. Lo veía como un extra, algo que estaba ahí y era divertido, pero no era lo suyo.
Y aun así, volvía. Cada año, dos veces, a veces más. Buscaba transformación en los rituales, en las experiencias extremas, en mi mundo… pero no en el baile.
Hasta que un día, no sé bien cómo ni por qué, empezó a bailar.
Primero titubeante, luego con más cuerpo, más energía, más vida. Cada clase la cambió un poco. Cada práctica, cada música, cada roce, cada giro, cada competencia… la transformaba.
Su relación con su pareja cambió. Su relación consigo misma cambió. Su manera de caminar, de mirar, de sentir… cambió.
El baile le enseñó algo que ninguna ceremonia, retiro ni experiencia extrema podía enseñarle: que la transformación no está afuera, está en cómo decides moverte dentro del caos.
Ok, es muy importante entender esta historia para poder vivir esta experiencia.
Aquí hay que aprender una lección mía y una lección de la mujer que llego a la selva.
La lección que hay que aprender de la mujer, es que hay que ser mucho más empático. No con palabras, sino saliendo de tu cabeza y mirando de verdad qué está sintiendo el otro. Y para eso hay que sentir que esta pasando dentro de uno mismo.
Ella llegó a la selva buscando un cambio. Venía rota por dentro, con hambre de conexión, de sentir algo que no viniera en frascos de “autoayuda”. Yo le mostré mi mundo: el fuego, el miedo, el juego, la oscuridad…
y el baile.
Pero al principio el baile le daba igual.
Le interesaba más la ceremonia, el temazcal, las pruebas extremas.
Quería enfrentarse a todo, menos a ella misma.
Porque esa es la verdad:
no salir de tu cabeza es estúpido.
Eso mata la conexión, mata la vida, mata la energía del grupo.
Tus motivos no importan por completo.
Importan los del otro.
Importa por qué baila, por qué viaja, por qué necesita perder el control un fin de semana para volver a sentir algo real.
El baile es conexión…
¿Y qué lección aprendí yo?
La misma que me enseñó la selva:
la autoridad no se discute. Se siente.
El fuego no negocia.
La oscuridad no pregunta si estás lista.
Solo te muestra quién eres.
Y en este tipo de experiencias, eso no se apuesta, no se debate.
Yo no hago descuentos emocionales ni experiencias de catálogo.
Aquí vienes a entregarte o no vengas.
Porque cuando lideras un grupo, cuando invitas a alguien a cruzar el fuego contigo,
debes dejar claro que no eres un instructor,
eres un guía, un líder, un espejo.
Y la gente no compra actividades, ni retiros, ni clases.
Compra seguridad. Presencia. Liderazgo.
Por eso, si decides venir, te lo dejo claro desde ya:
voy a llevarte al límite.
Voy a observarte, leerte, y exigirte que te mires a ti mismo sin filtros.
Y si después de todo eso solo vienes para tomarte una foto bonita para Instagram…
no cuentes conmigo.
Porque las personas comunes buscan experiencias.
Pero las mujeres que de verdad quieren cambiar,
siguen a quienes saben encender el fuego… y sostenerlo.
Y los líderes no son desesperados, ni persiguen clientes.
Entonces es importante que sepas que yo no soy un guía al que puedas encargarle una experiencia, al que atiendas 15 minutos al mes, y al que puedas ningunear.
No funciona así.
Me harás caso.
Y si haces cambios en la forma en que te entregas al evento o en lo que hablamos antes del viaje, me lo deberás comunicar.
Puedes pensar que digo esto porque me dedico a crear experiencias, pero las experiencias, las verdaderas, son absolutamente claves para que transformes tu vida de verdad.
No solo para que tengas un recuerdo bonito en tus redes sociales.
Y me elijas a mí o elijas a otro, debe ser alguien muy bueno.
De lo contrario, estarás dejando mucho dinero en el camino.
Y aunque sea tu viaje, debes tener claro que mi trabajo y mi prestigio dependen de que tengas resultados reales.
Y si vas a contratar a un profesional para que camine contigo en algo tan importante, debes respetar su criterio.
Y si no estás de acuerdo, pues hazlo tú.
Si yo mañana contrato a un tipo para que me construya una cabaña, no le digo cómo debe poner cada clavo, porque aunque yo viva en ella, él sabe construirla.
Si tú contratas a un guía o confías en él… o no lo contrates.
Bueno, quizá te estés llevando una imagen arrogante de mí.
Puede que a veces sea un poco eso.
Pero me tengo por una persona educada, con una profunda capacidad de escucha.
Pero que tiene una obsesión sana y que tiene mucha gente.
No me gusta perder el tiempo.
Entonces debes saber que si me vas a contratar mis servicios no son baratos y que ademas me harás caso.
Contratarme cada día será menos barato y más difícil y en poco tiempo no habrá posibilidad ninguna.
Y también debes saber que para reservar tu lugar conmigo deberás pagar un 30%.
Luego tendremos una reunión, y justo después —sin que haya comenzado la experiencia— deberás cubrir el resto.
No reservo una plaza sin cobrar. Nunca. A nadie.
Y sí, yo soy de los que, si contrata un profesional no tengo problema en pagar por adelantado.
Y no solo eso: si tú vendes algo, y lo vives con la misma entrega que pido aquí, es muy probable que tampoco tengas que perseguir a nadie, ni preocuparte por si te pagarán o no.
Esto hay gente que lo entiende… y gente que no.
No hace falta discutirlo.
Pero no es negociable.
Solo trabajo con quienes lo entienden.
Dicho esto, si te interesa pedir información, deberás rellenar los campos de aquí abajo. Con interés.
Me pondré en contacto contigo, aunque no esté interesado que participes.
Experiencia de Selva y Bachata
Playa del Carmen / Tulum / del 1 - 5 de Abril 2026
Modalidades de participación:
Ticket 1 – Experiencia completa | USD $6,000
– Acceso total al evento
– Clases y prácticas diarias
– Bailes sociales
– Alimentación completa
– Hospedaje confortable
– Transporte interno durante toda la experiencia
Ticket 2 – Experiencia base | USD $4,000
– Acceso total al evento
– Clases y prácticas
– Bailes sociales
(No incluye hospedaje ni transporte)
Espero que pases un gran día.
Leonardo Trujillo